Abraham Vanegas

Dichoso aquel que en su caminar se ha identificado con personas que se convierten en sus amigos, con quienes se ha identificado y ha mantrenido una cultivación dinámica que los mantiene unido , con lazos de afecto, simpatía, identificación, colaboración, servicio. Personas que siempre están presente ante el llamado, cuando se quiere compartrir con ellos alegría y tristeza, siempre dispuestos a servir, acolaborar.

José Luis Martín escribía sobre la grandeza de la amistad, que una verdadera amistad es sólo la que enriquece a los dos amigos, aquella en la que el uno y el otro dan lo que tienen, lo que hacen y, sobre todo, lo que son. De ahí ,que ser un buen amigo o encontrar un buen amigo sean las dos cosas más difíciles del mundo: porque suponen la renuncia a dos egoísmos y la suma de dos generosidades.Suponen, además y sobre todo, un doble respeto a la libertad del otro, y esto sí que, más que una quiniela de catorce, es un simple milagro. «La amistad verdadera -escribe Laín- consiste en dejar que el amigo sea lo que él es y quiere ser, ayudándole delicadamente a que sea lo que debe ser». ¡Y qué difícil esta frontera que limita al Norte con el respeto y al Sur con el estimulo! ¡Y qué fácil caer en esa especie de vampirismo espiritual en el que uno de los dos amigos devora al otro o es devorado por su voluntad más fuerte!¡Qué enriquecedora, en cambio, esa amistad que maduran los años y en la que nos sentimos libres y sostenidos, aceptados tal y como somos, y delicadamente empujados hacia lo que deberíamos llegar a ser! Tesoros como éste son como para vender todo lo demás y comprarlos

Un buen amigo cuando se le ha identificado y se le ha dado ese calificativo, sabe que jamás sus lazos deben dar paso a dependencias que propicien sufrimiento y coarten la libertad, así como las acciones que se generan producto de esa identificación no es un compromiso que demanda obligaciones, todo lo conmtrario, es una unión en donde cada quien expresa sus emociones en pro de hacer que la llama de la amistad se mantenga encendida .

Muy válido lo que señala Martín, que la amistad no es el simple compañerismo o camaradería, aunque pueda surgir del uno o de la otra. Queda también dicho que la amistad no es el enamoramiento, aunque probablemente el mejor amor es el que va unido a la honda amistad.Pero, sobre todo, queda dicho que en la amistad no se busca la «utilidad» -aunque no pocas pseudoamistades se monten como un negocio-, sino que a ella se va más para dar que para recibir, aunque nada perfeccione tanto a un ser como dar a otro lo mejor de sí mismo.

Se agrega, que  la amistad es delicada porque precisa de determinados ambientes para nacer, especiales cuidados para ser cultivada, minuciosas atenciones para que crezca y nunca se degrade.Uno de los fenómenos más asombrosos de este mundo en que vivimos es que se habla tanto más de una cosa cuanto menos importante es. Se llenan páginas y páginas de los periódicos para aclarar una jugada futbolística -tremendo drama: ¿fue o no un penal?- y nadie habla jamás -ni en los diarios, ni en los púlpitos, ni en las cátedras- de cuestiones tan vitales como la de la amistad.

 Al dar oportunidad que la amistad se manifieste, este atento de cómo la genera, cómo se aflora, todo dentro de la ética, moral, respeto,dedicación y muy especialmete el de saber compartir y servir.

Mantenga siempre en su atención todo el cuidado de aquellas acciones, estímulos que den paso a originar fricciones, a que se deteriore, sorprendase  en sus actuaciones y analice con mucha atención el comportamiento de quien ha seleccionado como amigo. Disfrutela mientras permanece en estos planos y sienta feliz de saber que tuvo la oportunidad de cultivar y saber disfrutar lo hermoso que es a amistad.

No olvide, que San Agustín no vacilaba en afirmar que «lo único que nos puede consolar en esta sociedad humana tan llena de trabajos y errores es la fe no fingida y el amor que se profesan unos a otros los verdaderos amigos».